Fugacidad

Manuel Janeiro

Se me va, se me escapa.

No me da tiempo adorarla.

Me detengo a mirarla y ya se ha ido.

Pasa ante mí sin esperarme.

Vuela vestida de azucena,

maquillada de sol,

perfumada de agua.

Se desnuda el alma

y no me deja abrazarla.

Por las mañanas

tiene los labios pintados de amapola,

y por las noches

se pone una constelación en los párpados

y una raya de lirio en los ojos.

Hoy lleva rosas,

mañana manojos de retama;

ayer llevaba una canción de pájaros

por toda indumentaria.

Es al mismo tiempo procaz

como las flores

e inocente

como las primeras hojas.

Se hace de rogar,

llega de pronto,

te roza,

te inunda de eternidad,

y al poco se aleja de ti,

dejándote un recuerdo de pétalos

para que sigas deseándola.

Pero ¡ay!,

no sé hasta dónde alcanzarán mis fuerzas,

cuánto tiempo más podré seguir en vela.

Temo al día en el que la primavera llegue

y yo no la esté esperando.

11 comentarios en “Fugacidad”

  1. Del eterno retorno al ¡detente, instante!, el poema te hace reorrer lo vivido y lo por vivir en parakekas tangenciales a la sensación de vivir

  2. Fugacidad.
    Es tu hija.
    Es mujer, coquetea y gana.
    Hipnotiza, te enamora.
    De naturaleza esquiva.
    Por ello sufres. Por lo mismo asombra.

  3. No temas, es tu amante eterna, como son los amores efímeros e imperecederos. Ni ella faltará jamás a vuestra cita, ni tu podrás dejar nunca de rendirte a su seducción.

  4. Magnífico!
    Me ha resonado con estos versos de Louise Glück de “Perséfone la errante” (del libro “Averno”):

    Volverá la primavera, un sueño
    basado en una falsedad:
    que los muertos vuelven.

  5. Tu poema es una forma intensa y bella de transmitirnos tu deseo de compartir el placer de seguir el despertar incesante de la naturaleza. Mientras alimentes y compartas este deseo el futuro habitará entre nosotros.
    Un fuerte abrazo

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