Manuel Janeiro
Cuando al fin desaparece la noche y asoma el alba, algo resucita.
En la abertura del día el cristal de las ventanas rebosa luminosidad.
El espejo absorbe el tiempo y en su claridad desaparece el fantasma
que ayer se lavó los dientes y se tomó las píldoras.
El mundo es como debería ser:
nadie morirá nunca, nada cambiará jamás.
Pero hoy la mañana no lo parecía. El gris mineral del cielo,
el purgatorio de la lluvia,
interrumpieron la invitación a vivir que el amanecer trae consigo.
Resultaba imposible creer que se te había concedido otro día.
Y sería porque la Aurora se había quedado dormida,
o Eolo soplara contra los velos de la lluvia,
el inicio de la tarde fingió ser la amanecida;
más turbia, más como la miel de azahar o de acacia en flor,
pero igualmente transportaba un impulso de vida.
Se diría que a la tarde le habían estirado la piel,
operado los párpados y rellenado de besos la boca y los labios.

Querido Manolo, si, son esos dias que empiezan por la tarde. Aunque con nuestros horarios siempre tengo la sensacion de que las auroras, el alba, la mañana, siempre son una preparacion para la tarde que siempre nos reservamos para nosotros. Reitero que para leer tus poemas necesitamos que nos acompañen tus gestos y tu voz. Un fuerte abrazo de atardecer.
¡Qué gran placer leer tus poemas, Manolo! Me transportan a un mundo de ensueño.
La naturaleza pasado por el crisol de la mirada cambiante del poema, me vino a la cabeza el título de una canción de Josele Santiago (Los Enemigos), ¿No amanece en Bouzas?
Sí.