Federico Jiménez Asenjo
Mirábamos,
no fuera que hubiera algo que ver.
Estaba el mundo con sus galas,
hienas y hospitales,
tripas,
coches que entraban,
otros que salían del taller.
Y los parques,
orillados los paseos de jóvenes yacientes,
jóvenes del bozo y de los besos,
niños rotatorios,
siderales,
jugando al universo sin saberlo,
ocupados en poblar el anteayer.
Estaban,
también,
los trasatlánticos,
dándole la vuelta al globo por los mares,
comprobando el deshielo de los hielos,
atracando en capitales,
ecuménicamente hablando en inglés.
I love you,
I told you,
I do know,
you told me,
felices de usar los irregulares,
habíamos olvidado por entonces,
descuidados,
el bellísimo francés.
Je sais,
tu sais,
il sait,
j’aime,
tu aimes,
il aime,
nous nous étions oubliés,
daquela,
de la beauté du Français.
Qué miras,
te dije,
y si es que hay algo que ver.
Humo y humo,
contestaste,
y humo.
Anda,
me desanimaste,
vete quitando los ojos,
y vámonos a comer.

Rumiando una y otra vez lo que me siguere el poema.
Estupendo poema, rico y complejo, audaz desde cualquier forma que se plantee.