Arturo Lorenzo
X
Dos Cipreses
Nutrida sombra bajo la higuera del ahorcado. Silencio de montes, rumor del viento entre los árboles. Susurran las torrenteras. Se espesa el aire en la canícula del verano. No esperas a nadie. La espera se hace en vano. Nadie viene. Nada sucede y sientes miedo de que suceda.
Mejor callado mientras te gritan los recuerdos. No esperes que el olvido se apodere de tu sombra. Lamentas esa oscura terquedad que te impidió ser feliz cuando eso era lo más fácil.
¿Quién te educó en la renuncia? ¿A quién servías negándote el placer que reclamaba tu cuerpo?
Ahora que vives bajo la sombra ahorcada de la higuera te preguntas quién dirigió tu alma contra tu cuerpo cuando todo en él eran promesas de eternidad. Se erigió ante ti el sacrificio como modelo de vida, como un templo de ritos paganos. No vivías de la comprensión de las cosas, solo de la liturgia que las sostenía. Tiempo aquel en que todo era solemne en guerra con lo espontáneo. Los dioses no reían, solo castigaban.
El castigo, voluntario y aceptado se incorporó a tu vida como el aire, como el agua, sin remordimiento por su uso y disfrute.
Arrecia el viento, se atempera la canícula y bajo la sombra de la higuera asesina las angustias del pasado florecen. Parece que todo sucedía con premura y dolor en aquella época de furia y desorden.
Junto a la tapia del huerto vacío la elegante figura de los dos cipreses acerca el cielo a tu mirada.
XI
Epitafio
Y la luz, en la que tanto confiábamos, resultó ser negra.
Madrid, abril de 2026

Bienhallado, de nuevo. La busqueda de Lucrecio y la brillante arqueologia del epicureismo del Libro de Greenblatt, El Giro, me hacen retornar a tu falso poema, aunque en este caso haya que invertir el epitafio, pese al volcan que enterró la villa de los papiros de Herculano.
El castigo por el remordimiento voluntario nos llega ahora. ¡Un poco tarde!
Magnífica evocación de una educación terrible orientada a la muerte. Me encantaron y emocionaron tus textos.
No tío, siempre hay una luz blanca, translúcida si quieres.. brillando fuerte pero tenemos que verla, y a veces no sucede ni cuando estamos bajo la sombra de la higuera del ahorcado, pero sucederá, confía y no desistas. Y si la ves, cuéntalo tan bien como sabes. Nos encantará leerte.
Te quiero.
Como un mazazo en mi cabeza resuena el epitafio verdadero:
«Y la luz, en la que tanto confiábamos, resultó ser negra».
Pero, a pesar de todo, sigo espenazado en encontrar alguna vez una luz blanca, blanquísima.
Y si no existe, espero la aniquilación total. O la transformación en un átomo del universo.
De cualquier modo, espero no sentir más angustia.
Me sorprende y es la primera vez que lo leo que la higuera sea asesina. Convivo con una higuera, casi centenaria, que es generosa con sus frutos todos los años. He plantado tres higueras que se esfuerzan por crecer. Me encanta el perfume de esos árboles femeninos que engendran varones. Este verano descubri en el sur de Francia el amor de los franceses por esta especie. No recuerdo si era Delibes o Gironella quienes jugaban con la sombra o la creencia de los cipreses. Si creo con Arturo que hemos aceptado como bandera el sacrificio y que no debemos mirar al cielo sino a la tierra. También creo en la elegancia de estos árboles que dan paz a los fallecidos. Por qué una pareja de cipreses? Gracias Arturo por tu falsa falsedad.
He podido entrar en Transforma pero el sistema me invitaba a detenerme, querido editor
¡Qué precisa tu palabra!