Falsos poemas VI

Arturo Lorenzo

Reyes 2202 (dos mil doscientos dos)

Adiós árboles, fuera los ríos. Adiós a los montes vividos, a las ánforas que guardan el zumo de los olivos. Adiós a los dioses de la tierra tan queridos, y a los otros de los cielos, muertos y vivos.

Adiós a los ángeles del infierno que nos han perseguido, y a sus secuaces que ansían nuestras almas, esas que no dejamos de proteger aún a sabiendas de que están perdidas.

Sabed todos que me debo a mi nombre, que es el olvido. Sabed todos que todo lo recuerdo para vengarme del olvido. Y sabed que sé que a vosotros también os sucede lo mismo.

Bajo los troncos en derribo, entre los cantos asesinos que ruedan con la raíz líquida de las olas floridas en los canchales, sobre el vértice agudo de las colinas y de las testuces desmochadas de las columnas, en la nieve como en el río, en el fragor de los combates o en la intimidad de los boleros, en las plataformas de los viejos tranvías que no destruyeron las bombas, entre la metralla de los anuncios publicitarios o en las lejanas y remotas playas de Bécquer que nunca visitaréis, al calor de una lumbre antigua que es toda la luz que se desparrama por la alcoba vacía, al sur del deshielo donde se forman las grandes torrenteras, allí, por los tejados que hundió el rayo o los corrales que asaltaron las alimañas, entre los cadáveres exhaustos de las moscas o en la corteza de los olivos centenarios orientados al mar de la historia, allí, solo allí, es posible encontrar el gozo de ser sin haber sido. Sin haber estado.

4 comentarios en “Falsos poemas VI”

  1. Encinas, higueras y los grises olivos son pacientes restigos de esta profunda tristeza que rezuman estas palabras que conforman el cielo de nuestra historia. Gracias Arturo por tu amistad.

Comentarios

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