Falsos poemas II

Réquiem

Me podrán quitar la muerte,

pero siempre me quedará la vida,

la de aquellos que me amaron,

la de aquellos a los que socorrí.

Quedará

la vida de los cielos a los que tanto recé,

y de los infiernos

a los que, por cobarde, tan poco descendí.

Me llegará el olvido, me dejará sin memoria,

pero no sin los besos

que salpicaron mi cuerpo de una felicidad encendida.

El Caco Baco

Refugio atlántico

Tengo un bar en el puerto

más inhóspito de la tierra

donde el viento se hace arena

y la calma salitre.

Hasta aquí llega el desierto

con su pedregal de sangre,

con su atmósfera de silencio.

Tengo prohibido el alcohol,

no tanto las hierbas.

Siempre hallo mercancías clandestinas

que no a todos alcanzan.

Pagan con sonrisas

y muestras de afecto

 prometiendo que volverán mañana.

A veces cuento unos céntimos de cobre

abandonados en el mostrador.

Tengo comida para hoy.

No sé si para mañana.

Pero el milagro del té

siempre se produce:

dulce como el amor,

fuerte como la vida,

amargo como la muerte.

Así sucede luego,

que llega la muerte

y nos libra del caos.

Arturo Lorenzo

Madrid, cinco del cinco de dos mil veinticinco

3 comentarios en “Falsos poemas II”

  1. Caro Arturo: me ha conmovido, y mucho, la última estrofa de El Caco Baco…, y esa trinidad «dulce, fuerte y amarga» dedicada al te de la vida. Tus «no-poemas» siempre llegan como un hermoso eco de otros lugares; de otros tiempos… Por favor, sigue escribiendo… Salud!!!

Comentarios

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