Juan Luis Recio.
Poesía, 142 mm x 210 mm, 189 págs. 15 €

Compostela por detrás es una sorpresa más de las que JL administra con maestría, y con las que nos conmueve. Mi primer JL será siempre el Moebius, el de su primer libro, Introducción al desborde, texto poético visionario, hermosísimo y cada vez más vigente, que para G. Labrador, es el gran libro-manifiesto de la transición. Ese fue el JL al que amé tanto que osé convertirle en personaje novelístico a bordo de una potente motocicleta huyendo de la gran ciudad al frente de un grupo de Niñatos.
Años después, JL nos marcó horizontes lejanos a investigar, invadir y vivir —tal vez a lomos de esa motocicleta en la que un día soñé verlo montado para defender nuevos sueños de libertad y abriendo nuevos caminos de vida, comportamientos y amores.
Por ahí van estos nuevos versos, algunos de los cuales vio cantados, y otros retorció formalmente hasta llevarlos a ritmos imposibles y lógicas quebradas, en una geografía sideral que culmina la geografía urbana y pequeñita en la que habitaba el dragón de larga cola.
Son poemas cosmopolitas —Madrid, Bruselas, Osaka, Tánger, México, Buenos Aires— parte de una geografía sentimental algo canalla y deslenguada, desinhibida o natural sin más.
Emilio Sola
Fragmento
Poema, pág. 74
Palabras urgentes para que no se muera Carlos Cano
Yo no preparé un daiquiri
solamente,
sino que hice tres de cada vez.
Y varias veces seguidas bebimos Havana
en mi barra azul de Fugger, azul como Cádiz,
donde nunca estuve,
azul como el Havana
y la sangre azul.
Tampoco estuve nunca en La Habana.
Solamente
la escuché de tu voz
cinco mil veces
y no se me puede olvidar.
Cinco mil veces seguidas.
Compraba el mismo disco
una y otra vez.
Sí he estado, cuatro o cinco veces,
solamente,
en la Plaza de Mayo,
y los que me conocen saben
que no necesito tener desaparecidos
para llorar al tango
de las madres locas.
Dicen que no se regresa del Monte Sinaí.
Solamente
Hay un camino.
Regresar con las tablas,
como Quetzalcoalt, haciendo surf.
Yo, que tampoco he estado allí,
Creo que es así como se vuelve.
Solamente.
Por eso te digo urgente estas palabras,
no para que te lleguen a tiempo,
sino para que no te me mueras también,
para que no te me mueras más.
Porque, si te mueres,
solamente
podré comprar otra vez
todos tus discos en edición póstuma,
y guardarlos en la alacena de las monjas,
alacena que también tendré que comprar.
Acaso a esas alturas
tenga también que comprar las lágrimas.
Por eso te ruego que no te me mueras más.
Entiéndelo:
Es un problema económico.
Escrita como si con quince años.
