Guillermo Galoe
2025
97 min
En cines, Prime Video, Filmin, MUBY y a través de RTVE Play
En 2023 el director Guillermo Galoe realizó un corto de 16 minutos titulado Aunque es de noche. En él se recogía la historia de Toni y Nasser, dos preadolescentes habitantes de la Cañada Real -el mayor asentamiento irregular de Europa-, que, en la víspera de su separación, hacían planes para seguir estando en contacto en el futuro. Tanto este corto como Ciudad sin sueño (su versión extendida en forma de largometraje) merecen ser destacados tanto por sus muchos logros cinematográficos como por el proceso de realización que ha permitido que ambas obras existan.
Dividida en sectores según su pertenencia a los ayuntamientos de Madrid, Coslada o Rivas-Vaciamadrid, la Cañada Real ha alcanzado fama mediática porque alguno de dichos sectores (concretamente el 6, donde viven los protagonistas de esta película) presenta graves problemas de habitabilidad y es conocido, lamentablemente, por actividades como el tráfico de drogas y el asentamiento en él de colectivos en situaciones de vulnerabilidad social. Con el objetivo de expulsar a sus habitantes para proceder al derribo de los asentamientos irregulares, los tres ayuntamientos citados decidieron cortar el suministro de energía eléctrica en 2017. Esta situación y sus gravísimas consecuencias en el día a día de sus habitantes se refleja con precisión y forma parte importante del contexto narrativo del film.
Como bien señalaba el propio director en una entrevista reciente, sobre las personas que habitan la Cañada Real en general, y sobre los que viven en el sector 6 en particular, pesan una serie de estigmas y estereotipos que condicionan sus existencias de manera decisiva. La tarea que ha realizado para conseguir que este sector 6 aparezca representado aquí de manera fiel probablemente no tenga parangón en la historia del cine español. Tal y como relataba en la citada entrevista, su acercamiento comenzó en 2018 presentando un programa de actividades para niños relacionado con la práctica audiovisual. A lo largo de los últimos siete años, el equipo del director ha ido integrándose orgánicamente en esta comunidad, de manera que, en algún momento de 2023, el rodaje del corto Aunque es de noche surgió de forma natural. El propio largometraje, ampliación de las ideas y temas presentes en el corto, fue rodado colectivamente bajo la coordinación del director y su equipo técnico, pero con la participación activa de parte de la población del sector 6, tanto en lo referido a las actuaciones como a los diálogos y trama de la película.
Ciudad sin sueño despliega su arco narrativo a partir de la idea central de Aunque es de noche: la separación inminente de dos adolescentes de la Cañada Real, Toni y Bilal, de etnia gitana el primero y marroquí el segundo. Su arranque, sin embargo, marca distancias claras con dicha obra. Tras casi calcar la escena inicial del corto con los dos adolescentes grabándose mientras utilizan un automóvil desmembrado como columpio improvisado, la cámara nos traslada a una carrera de galgos por el campo. Dos grupos de gente subidos a sendos todoterrenos los jalean mientras persiguen una liebre. Esta secuencia rodada casi al modo de un western marca el tono de la película. Un frenesí vital desbordante y un goce existencial hipervitaminado parecen impregnar cada fotograma a partir de aquí como contrapunto permanente a las considerables adversidades materiales que padecen sus protagonistas.
A través de la mirada de Toni nos adentramos en el interior del sector 6 de la Cañada Real. Usando de forma recurrente la cámara al hombro y los travellings laterales, alternamos la inmersión visual en la realidad de los protagonistas con la contemplación ensimismada de sus acciones. Los cuerpos en movimiento se cruzan una y otra vez ante la mirada del protagonista mientras la cámara documenta las particularidades del territorio y la compleja red de relaciones de sus habitantes. Los afectos, los intereses, las historias comunes y una poderosísima sensación de pertenencia al lugar configuran una geografía humana ajustada precariamente a la geografía física. La película propone así un registro que combina delicadamente el documento etnográfico y la pura ficción. El tono naturalista dominante es contrapunteado continuamente con juegos visuales que proponen derivas relacionadas con la imaginación y los umbrales de la fantasía. Los filtros de colores empleados por los adolescentes mientras se graban con un smartphone, la fascinación que producen las sombras de las manos o los efectos caleidoscópicos de la luz del sol a través de vasos y botellas son algunos de los recursos que elevan el relato muy por encima de su propio esquema argumental, introduciendo pequeños poemas visuales que resuenan con la trama y abren líneas de fuga al mismo tiempo.
El foco del largometraje está situado sobre varias historias personales que se cruzan y se alimentan entre sí. La que más peso tiene, la de los dos adolescentes protagonistas, va entretejida con las de varios de los familiares que los rodean, destacando la del abuelo de Toni. Este personaje probablemente precisaría de una película para él solo. Chatarrero orgulloso de su profesión de toda la vida, resulta ser un enamorado de la propia Cañada Real, entendiendo esta como el territorio rural en el que ha vivido desde siempre, rodeado de una naturaleza a la que no puede evitar amar con toda su alma y de una comunidad de la que se siente parte a través de vínculos especialmente intensos.
Una de las tramas desarrolla el proyecto de los padres de Toni para abandonar la Cañada e instalarse en un piso que les ofrece el ayuntamiento de Rivas. Frente a esta posición el abuelo expresa en todo momento su negativa a abandonar el lugar en el que ha vivido toda su vida. Encarna, con un vigor infinito, el sentido de aquel verso de Camarón de la Isla, «prefiero quebrarme / a ser flexible», dando cuerpo a una ética en la cual la fidelidad a una idea de vida es innegociable sean cuales sean las consecuencias de ello. El retrato de este abuelo contrasta con el que se hace de la figura del padre. Frente a la integridad de sus mayores, este aparece como un buscavidas de poca monta, totalmente desentendido de lo que no sea el presente, sus urgencias y sus disfrutes. Toni, deslumbrado por las posibilidades de mejorar materialmente, no termina de entender la postura de su abuelo. Para él, el campo en el que ha crecido carece de atractivo, ya que el peso de las estrecheces económicas que sufre es decisivo. El larguísimo plano secuencia que cierra la película da cuenta, con una elegancia tristísima, de la tensión entre el quedarse y el irse, del desgarro entre un presente que es una condena a la exclusión social y un futuro en el que existe la posibilidad aparente de una vida mejor.
La descripción etnográfica de los habitantes del sector 6 construye un retrato que es social e intergeneracional. La cámara no esconde la sordidez de muchas de las vidas que se desarrollan en él, sino que integra estas en la panorámica que realiza del asentamiento sin caer en el tipo de contemplación morbosa de los programas de televisión destinados a escandalizar a la asustadiza clase media a la que se dirigen. Las tensiones entre sus habitantes son tan importantes como los vínculos entre ellos. Una lealtad vigorosa impregna sus relaciones más allá de los inevitables conflictos que las salpican. La cámara documenta minuciosamente las privaciones materiales, la amenaza permanente del desalojo, las condiciones en las que se desarrolla el tráfico de drogas y los lugares destinados a su consumo, construyendo con paciencia una imagen completa tanto de la comunidad como de los vínculos que la cohesionan.
El retrato de los adolescentes, por su parte, está lleno de afecto y traslada con precisión su vitalidad hipercinética. En paralelo, la mirada sobre los mayores alterna el lamento por las durísimas condiciones en las que han vivido siempre con la nostalgia por una forma de vida condenada a la desaparición. Esta contradicción aparente —¿cómo alguien podría echar de menos la miseria y sus consecuencias?— es refutada continuamente por el abuelo y los familiares de mayor edad de Toni. La vida en los márgenes de la sociedad permite una forma de libertad en la que el extravío y el desorden se contraponen a las reglas de sociabilidad a las que estamos habituados. Tener muy poco supone, al mismo tiempo, vivir asomado a un abismo y permitirse una celebración de la existencia casi en crudo, sin filtros de ningún tipo.
Ciudad sin sueño es el ejemplo perfecto de cómo la creación artística proporciona un lugar discursivo capaz de posibilitar que una comunidad marginal sea capaz de mirarse a sí misma y de presentarse ante la sociedad desde sus propios presupuestos. Es, en este sentido, una película que exhibe la dimensión emancipadora de la cultura. Una emancipación que atañe a los protagonistas, a los responsables artísticos y a los propios espectadores. Una emancipación que procede de iluminar la realidad utilizando el juego entre documento y ficción para emocionar, seducir y dar testimonio de forma verosímil. También, para mostrar la dignidad de aquellos a quienes les ha sido arrebatada por sus circunstancias sociales. Para recordarnos que, por encima de los estereotipos sobre lo aceptable y de los clichés moralista sobre lo que es una vida adecuada, existe un universo complejo de formas de vida posibles y de elecciones personales que sobrepasan cualquier categorización consensuada mayoritariamente. Es, por lo tanto, una película que, hablando de la marginalidad y sus consecuencias, también despliega un discurso poco usual acerca de la libertad, sus modos específicos colectivos y su vivencia personal en medio de la adversidad y la incertidumbre.
Eloy García

Sinceramente, tengo que decirlo, las críticas de Eloy García me parecen excelentes.