Soy un espíritu errante

Miguel Ángel Mendo

Soy un espíritu errante que busco la cercanía de lo humano para no aterirme en mi terrible frío interior, cruel descarnadura que, si tuviese que describirla de alguna manera, la compararía a la vergüenza, a la permanente humillación, a la ausencia de cualquier atisbo de misericordia. Me refiero, naturalmente, a la vergüenza, a la humillación y a la misericordia tal y como yo las recuerdo.

Es imposible aceptar esta soledad tan radical. Es un consuelo que compartamos…

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Soy una tierna mirada

Miguel Ángel Mendo

Soy una tierna mirada que se posó ayer en tu mejilla y que aún chisgarabatea por entre tu pelo y el lóbulo de tu orejita, y que se ha quedado enredada entre los recovecos de tu querido rostro, mi amor.

Soy un beso inmortal, callado y pequeño como una flor amarilla, sin olor pero sedosa y tenue, que rozó tu piel un minuto feliz, ya para siempre imborrable y feliz.

Soy la curva de la boca de tu sonrisa que necesariamente se expande hasta la lámpara, la ventana y más allá,…

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Soy un abrazo perdido

Miguel Ángel Mendo

SOY un abrazo perdido en el andén de una estación. Un abrazo ambulante que no sabe volver a casa: no sé cuál es mi casa. Tanta emoción, tanta intensidad flotando en el aire, traspasado por los vientos gélidos que vienen de aquel extremo del andén, del extremo frío y soleado por donde entran los expresos que vienen de la capital… No quiero desaparecer. No puedo. Soy una promesa, un juramento, un ansia de felicidad, una verdad irrebatible, y me siento demasiado responsable:…

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Soy un puñal atrapado en una herida

Miguel Ángel Mendo

Soy un puñal atrapado en una herida. Lo siento, sí, no tengo excusa: herí. Busqué el calor de la muerte, el negro resplandor de su morada por entre las claras carnes de mi víctima. Reconozco que hice bien mi trabajo y me bañé en un sedoso lago de sangre, como ansiaba desde que nací. Para eso nací.

Pero no esperaba este recibimiento, sinceramente. Mi acero rechaza la idea, y más aún esta sensación tan insoportablemente voluptuosa, de haber sido acogido con satisfacción…

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Madre

Miguel Ángel Mendo

1

Si quisieras despertar en mi mano,

huella, de luz te vestiría

de cintas arropada

en mi memoria de fuego, ardiendo

tus labios en mi rostro,

erguida tu frente hacia la vida.

Todo tu amanecer está crepitando

en mis sienes de dolor.

Se ha secado mi pozo, y aunque

llueva a mares una vieja y dorada fe

sólo polvo he podido darte a beber,

madre.

2

No he comprado la harina

como me dijiste, madre,

olvidé llevar a que cogieran

los puntos a tus medias.

Me quedé en el camino de las …

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Soy la piel de la fachada

Miguel Ángel Mendo

Soy la piel de la fachada de una casa deshabitada. Lacerada por las lluvias, los vientos, las tempestades, aún conservo dentro mi corazón intacto. Se fueron todos a vivir a otras partes, o tal vez murieron, yo eso nunca lo supe. Nadie me cuenta nada y yo solo tengo conversaciones con las nubes, normalmente entre susurros. Aún no se han dado cuenta de que apenas si las entiendo: oigo menos que una tapia.

Lo cierto es que no me lamento de nada; allá la vida humana y sus…

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Jopé

​Miguel Ángel Mendo

El asunto era esquivar mediante un sinuoso y rápido viraje de la lengua, la palabrota cuando ya estaba a punto de salir. En este caso se trataba de no proferir la irreverente interjección “joder”, lógicamente, ante un auditorio en el que se hubiese colado un adulto.

Jo, la primera sílaba ha surgido espontánemente, impulsivamente, con ese rabioso arrastre gutural un tanto asqueante que los castellano-parlantes (y me refiero a los castellanos de Castilla,…

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