La primavera

Manuel Janeiro

Mientras me fumo el último cigarro de la tarde burlando la vigilancia de mi mujer y de mi hija —ellas no saben que esos tres cigarros diarios, aparte de saberme a gloria, me recuerdan que ambas todavía me quieren— caigo en la cuenta de que me he quedado corto.

Escribí hace unos días un texto sobre los jardines y no hablé de las flores, no hablé de los nacimientos, no hablé de la muerte. No hablé suficientemente de la noche y de la vida que se ve, los cazadores, los recolectores,…

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Pájaros

Manuel Janeiro

No entiendo ni un solo signo del lenguaje de los pájaros. Me ha ocurrido como a esos aprendices deslumbrados que, por pura devoción al arte que iniciaban, han creído dominar su oficio. He mentido. Cuando afirmaba en cuentos, biografías y poemas que había aprendido el lenguaje de los pájaros, que entendía las habladurías de las urracas, el griterío de los cuervos y las antífonas de los mirlos, mentía. En mi desesperación recurrí a Anaximandro y no encontré ni en …

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Adelita

Manuel Janeiro

Yo no sé lo que ven los muertos, Adelita, tengo que engañarme a mí mismo para creer que tú veías, por eso te cuento yo lo que pasó.

Era la mañana de un día soleado, era la hora del perdón y los que estábamos allí te lo pedíamos. Perdona, Adelita. Perdona, Adelita, decíamos.

Son perdones que se piden, lo sabe todo el mundo, por las oportunidades perdidas.

Cada uno de los presentes estaría al corriente de las suyas, de sus oportunidades pérdidas.

A mí me corresponden las …

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Moscas

Manuel Janeiro

Una creciente piedad por todos los seres vivos no me ha librado de la guerra sin cuartel contra las moscas. Sé, en efecto, que el ser (entrando en el concepto heideggeriano como un elefante en una cacharrería) se manifiesta en todos los entes y que por lo tanto cuando mato a una mosca interrumpo una posibilidad del ser. Atento contra él, impido una experiencia suya. Una experiencia por definición única y que a lo mejor encierra algún intrincado secreto del universo.…

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Tijeretas

Manuel Janeiro

Nosotros éramos una familia feliz de tijeretas. Vivíamos mi madre, mi padre y mis hermanos en un arce de oscuras hojas. Nuestra madre cuidó afanosamente de sus huevos, los volteó, los humedeció y los salvaguardó de los malos vientos, por eso habíamos nacido todos sanos y fuertes. Además, estábamos bien alimentados. Comíamos hasta hartarnos hongos aromáticos, nutritivos líquenes y deliciosas hojas muertas.

Desde que aparecía el sol por las ramas del árbol …

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El jardín de las Hespérides

Manuel Janeiro

Para Antonio Piñero

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¿Cuáles son las raíces que arraigan, qué ramas crecen en esta basura pétrea?

T.S. Eliot

Por todavía no sé qué culpa fui condenado a una tierra baldía. El contrapunto de la arcádica Stuttgart (la elegía de Hölderlin). Allí no había cielo ni hierba. No había manto vegetal ni musgo. Una oscuridad verde ceniza envolvía el boscaje y ennegrecía los ánimos. Cientos de eucaliptos se apretaban los unos contra los otros transformando …

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El viaje

Manuel Janeiro

Hace un millón y medio de años los que a la postre seríamos nosotros y que conocemos como Pithecanthropus erectus abandonaron África para establecerse en zonas de Europa y de Asia. Pasaron por el actual Estrecho de Gibraltar, entonces inexistente, por Sicilia, unida a los dos continentes, y por la Península Arábiga. ¿Latía ya en estos ancestros el anhelo humano de la exploración o lo hicieron impelidos por un cambio climático? Da igual, el caso es que partieron…

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A propósito de ángeles, lares y penates

Manuel Janeiro

Al contrario de Wim Wenders, que fotografió a los ángeles, yo no los he visto nunca. Me parece que fue en la antigüedad tardía cuando los ángeles de Abraham sustituyeron a los dioses domésticos de Roma. Ángeles, lares y penates comparten una encarnadura sutil, de la misma naturaleza que el aire, según Apuleyo. Pero los primeros, mensajeros y soldados, obedecen el designio de Dios, mientras que los manes en su conjunto protegen a la mujer y al hombre.

Durante los …

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La densidad de la noche

Manuel Janeiro

En medio de la oscuridad dudo este diciembre de que Jano pueda vencer de nuevo a la noche. Descreo por primera vez del dios al que estoy consagrado. Son tantas las sucesivas capas de noche acumuladas… Hay tanta densidad en estos días nocturnos… Ni siquiera el artilugio de la Navidad se antepone y recrea una ilusión nictálope en nosotros.

Ayer sí. Ayer cuando las noches eran azules.

Fue un nada, un soplo, un instante suspendido entre los faroles de gas y el exceso. Algo…

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Nuevo calendario

Manuel Janeiro

Este año los regeneradores fríos de enero no aparecen. Aquellos que purificaban el suelo, ponían orden en bulbos y rizomas y cauterizaban con hielo las heridas de los árboles. No sé qué será de los escolares sin sus pasamontañas, ni de las montañas sin su festón de nieve. ¡Ay! de los ríos que aguardaban esperanzados. ¡Ay! de las truchas privadas del letargo. ¡Ay! de nosotros.

Cuando rompimos las estatuas de los dioses (Cavafis) nos convertimos en seres arrojados…

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