Nochebuena

Manuel Janeiro

A Adelita, in memoriam

Da igual que la tribu

tenga veinte o treinta

o miles de millones como ahora.

Estés con quien estés,

creas en lo que creas,

esta noche es santa.

No es por el ídolo de obsidiana

ni por el niño Jesús de plata

ni porque se vistan de rojo

la nandina y el piracanta.

Ni siquiera porque los animales hablen

y mude de dirección el sol del horizonte.

Es porque no existe,

es un invento nuestro;

el aposento nocturno

de un entrelazado de sueños.

Gondomar, 24 de diciembre…

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El zorrito

Manuel Janeiro

Un zorro salió de su madriguera en las orillas del río Gihon, que fluye por Etiopía. Vio a un hombre blanco cabalgando entre los campos de mijo y, para que el hombre pudiera cumplir con su destino, el zorro aulló.

Los zorritos, Rudyard Kipling.

Qué miedo me dan los diminutivos. No es que infantilicen los textos, porque la buena literatura infantil nunca se ha sentido obligada a decir pajarito, conejito, arbolito, duendecito… para que la comprendieran los niños;…

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Muere una hoja

Manuel Janeiro

Hoy he asistido a la caída de una hoja del ginkgo biloba.
Cada vez que escribo el nombre de este superviviente —aparecido en el Pérmico, hace más de 250 millones de años— lamento que no tenga otro nombre.
Decir ginkgo biloba me produce distancia; me suena artificioso. No me suscita el mismo sentimiento que cuando digo encina, olmo, abedul, olivo, castaño de Indias, cedro del Líbano
Es una pena que el árbol más antiguo de los que hoy existen no tenga nombre popular…

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Poema a Madrid

Manuel Janeiro

Madrid
es una ciudad de más de un millón de mierdas.

Los santos adoquines,
las sagradas piedras,
los asfaltos y las aceras
reúnen orines de humanos y perros.

Las deyecciones blancas de las palomas
se sedimentan
en el polvo de las correderas.

De noche,
de las alcantarillas y de las cuevas,
deben salir las ratas
a disfrutar de la cochambre.

El ciudadano experto
mira al suelo
y vadea
ora una cagada de gato,
ora una de perro.

El Madrid de Lope
y de Galdós
rezuma mierda.

Todo…

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El cielo

Manuel Janeiro

Hace una inmensidad de años conducía por una carretera solitaria. En el asiento de atrás iba mi hija Violeta, que debía de tener entonces cinco o seis años. Escuchábamos a Luz Casal en la radio del coche. La canción repetía una y otra vez el estribillo:
“¿Dónde está el cielo? ¡Dímelo! / ¿Cuál es el secreto? ¡Dímelo!”

—¡Qué burra es esta señora, papá! ¿Pues dónde va a estar el cielo? ¡Arriba! —exclamó la niña, que no pudo aguantar por más tiempo tamaña ignorancia.

Me …

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Daniel van Heil y Milton

Manuel Janeiro

En lo que se refiere a mí mismo ha pasado mucho tiempo. El tiempo que va de los dientes de leche a los implantes, pero para el reloj de la historia no ha pasado ni siquiera un segundo. En los años cincuenta, mi padre, que no había leído a Milton, creyó encontrar en la ensenada que se extiende desde cabo Silleiro hasta la península de Monteferro el paraíso perdido. Y para mí que era cierto porque, citando ahora de verdad a Milton, aquella bahía “brillaba como un mar de jaspe…

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No

Manuel Janeiro

He visto recientemente una serie de Paolo Sorrentino que me ha gustado muchísimo. Se titula The Young Pope y tiene un corolario o segunda entrega titulada The New Pope. Quizá la primera parte sea excepcional y la segunda solamente soberbia, pero, en la segunda parte, el viejo papa, ante un brutal atentado supuestamente islamista, convoca a la cristiandad en la ciudad de Lourdes para dirigirles una homilía. Su santidad, delante de una multitud de fieles y de los…

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El Cenicienta

Manuel Janeiro

Este cuento autobiográfico, trasunto del inmortal cuento de hadas de Giambattista Basile (1634), Charles Perrault (1697) y los hermanos Grimm (1812), me planteó un primer problema de concordancia. Siendo yo La Cenicienta, pero perteneciendo, como pertenezco, al sexo masculino —cuando menos en gramática—, me parecía que el título de mi cuento debería ser El Ceniciento. Sin embargo, no las tenía todas conmigo. Albergaba la mala conciencia de traicionar …

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Bodegón de flores

Manuel Janeiro

No es fácil regresar del mundo de los muertos. Ni siquiera para Perséfone, que se sabe a la perfección el camino. Esta deidad, indeciblemente hermosa, fue raptada por Hades y convertida en señora del Averno. Allí pensaba el rey de los muertos pasar con ella su inacabable vida. Sentarla en su trono de plata, rodearla de pálidas nubes, pasear de su mano por el prado de los asfódelos marchitos, poseerla en un lecho de niebla. Mas Perséfone era hija de Deméter, poderosa…

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El eremita

Manuel Janeiro

En la isla de la sociedad del bienestar y el estado de justicia, ¿dónde se puede refugiar un eremita?

Los eremitas renunciaron al poder de la palabra que antecede siempre al poder de los ejércitos y eligieron el silencio. ¿Pensaban que el silencio podía convencer a alguien, transformar algo?

Antes de las conquistas y las revoluciones estaba el discurso. Las conquistas de Alejandro Magno (S. IV a.C.) —la extensión del helenismo— fueron precedidas por el espíritu…

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